Querido futuro trader, Hasta la fecha, durante mi práctica como docente de Bolsa, he experimentado momentos satisfactorios y momentos de no tan agradable digestión.
Estas experiencias díficiles suelen relacionarse con situaciones en las que me veo obligado a ser brutalmente honesto. El uso de este calificativo»brutal» no es un mero adorno retórico; algo hay de aniquilamiento de ilusiones y expectativas cuando tengo que decirle a un eventual alumno «el trading no es para ti».
Es frecuente que muchos usuarios me digan que tienen que pedir prestado o que tienen que hacer este u otro malabar para reunir el capital inicial para invertir. Cada caso es un mundo, pero suelo ser bastante estricto al respecto.
A mi juicio nuestra operativa de trading debe estar encajada en una estrategia más amplia de gestión monetaria, o en otras palabaras, nuestras aventuras bursátiles jamás deben poner en peligro el equilibrio de nuestra economía doméstica; esto es: nunca invertir en Forex el dinero destinado a liquidar los gastos fijos y variables de nuestras finanzas personales.
En un sentido amplio, las mismas precauciones que tomamos con el trading, debemos tomarlas a la hora de solicitar financiación, por muy ventajosas que parezcan a priori las condiciones.
A continuación adjunto un listado de cuestiones previas que nos ayudarán a sopesar la conveniencia de la solicitud de un préstamo…
a) ¿Realmente necesito la financión?
b) ¿Estoy actuando impulsivamente? ¿Dentro de unos días seguiré deseando obtener aquello para lo que estoy dispuesto a endeudarme?
c) ¿Estoy actuando cegado por el sesgo de confirmación? Esto es, la tendencia psicológica a recabar y valorizar la información que confirma nuestras propias creencias y descartar y barrer debajo de la alfombra aquella información que cuestiona nuestro anhelo irracional.
d) Completando el anterior punto, ¿qué desventajas del préstamo estoy obviando por estar demasiado obnubilado por mi deseo?
Cada cual ha de recabar su propio arsenal de precauciones que le ayuden a domeñar su deseo y realizar inversiones sin poner en peligro el equilibrio de lo que ha de ser casi un sagrado: la economía doméstica.
