Como cualquier otra compañía, en Jorge Bull hemos tenido que realizar ajustes y ponernos el mono de trabajo para encarar el contexto económico, político y social que ha propiciado la irrupción del covid-19 en la vida de nuestro planeta. Una de las líneas que hemos tomado para aumentar nuestra capacidad de resilencia y no castrar el potencial de crecimiento de nuestras inversiones, ha sido apostar más que nunca por la «diversificación». En este artículo veremos de qué forma podemos servirnos de ella para optimizar nuestras inversiones y reducir el riesgo. Te invito a aprovechar la puesta de sol para auspiciar con claridad tu porvenir económico
De qué hablamos cuando hablamos de diversificar
La diversificación está basada en la prudencia. Diversificar consiste en aceptar una rentabilidad más baja a cambio de tener un riesgo también más bajo.
Si un inversor fuese capaz de saber qué valor es el que más va a subir en el futuro no necesitaría diversificar, ya que en ese caso invertiría todo su dinero en ese valor y obtendría la máxima rentabilidad.
Pero en la práctica no se sabe cuál es ese valor ideal con antelación por lo que lo más prudente, incluso para inversores muy experimentados, es recurrir a la diversificación.
Factores a tener en cuenta
Cuando se diversifica hay que tener en cuenta 3 factores principales (el número, la ponderación y el tipo de valores que compondrán la cartera) y 2 secundarios (sub-sector de la empresa y zona geográfica).En cuanto al número de valores que compondrán la cartera se han realizado estudios muy exhaustivos en diferentes Bolsas que sitúan en alrededor de 20 el número de valores “ideal”, teniendo en cuenta la rentabilidad y el riesgo.
La mayor diversificación y el riesgo más bajo se conseguirían invirtiendo en todos los valores que cotizan en la Bolsa. Para carteras pequeñas y medianas esto tendría el problema de tener que soportar unas comisiones demasiado elevadas que reducirían la rentabilidad, ya que habría que comprar 200, 1.000, 5.000, … empresas, dependiendo de la Bolsa que se trate. Pero incluso las carteras muy grandes verían mermada su rentabilidad potencial, ya que al comprar todas las empresas de una Bolsa se están comprando empresas de baja calidad y comportamiento mediocre.
Afinando el tiro
El objetivo al invertir en Bolsa es invertir en las mejores empresas y evitar las peores. Por eso hay que llegar a un compromiso entre el riesgo y la rentabilidad, y los estudios antes citados parecen concluir que a partir de 20 valores la reducción del riesgo que se consigue no compensa la reducción de la rentabilidad. 20 empresas es un número elevado para carteras pequeñas por el coste en comisiones que supone. Como orientación se podrían dar estas cifras:
- Carteras hasta 20.000 euros: Alrededor de 5 valores
- Carteras hasta 100.000 euros: Alrededor de 10 valores
- Carteras superiores a 200.000 euros: Alrededor de 20 valores Estas cifras son simplemente una orientación y no deben tomarse como una regla fija. Podría tenerse una cartera de 400.000 euros (por ejemplo) con 8 valores y tener una buena diversificación. Los factores más importantes para decidir el número de valores son:Las comisiones: Aquel inversor que tenga un broker con comisiones más bajas podrá tener un mayor número de valores en su cartera con el mismo coste.
Las comisiones
El coste de las comisiones es el factor que determina el número máximo teórico que se deben tener en una cartera. A un inversor le puede salir más barato tener 10 valores en un broker que 7 en otro, por ejemplo.
El número de valores que formen la cartera no es un objetivo en sí mismo. Es decir, no hay que fijar el número de valores que queremos que tenga nuestra cartera de forma inflexible y comprar “lo que sea” para llegar a ese número. Por ejemplo, un inversor debería decidir que su cartera la van a formar “alrededor de 10 de valores”, no “exactamente 10 valores”. Debe invertirse en aquellas empresas que se consideren una buena inversión, no hay que comprar una empresa sin conocerla sólo por tener una empresa más en la cartera. Es preferible que el inversor del ejemplo tenga 7 valores que conoce bien a que tenga esos mismos 7 valores y otros 3 de los que tiene poco conocimiento sólo por tener 10 valores en su cartera. En el futuro podrá ir ampliando el número de valores si encuentra más empresas que le convenzan y se adapten a su estrategia. Tampoco hay que ponerse un límite estricto por arriba, si un inversor conoce bien 25 empresas y tiene capacidad para invertir en ellas no debe renunciar a 5 de ellas para no sobrepasar el “límite” de 20.
Ponderación de la cartera
En cuanto a la ponderación de la cartera, lógicamente no es lo mismo tener una cartera de 10 empresas en la que cada una represente un 10% de la inversión que tener una empresa que represente el 50% ella sola y el otro 50% se reparta entre las restantes 9 empresas. Cuanto más equilibrados estén los porcentajes invertidos en cada empresa menor es el riesgo del conjunto de la cartera.
Otro punto a tener en cuenta es el tipo de empresas que componen la cartera. Se tiene una mejor diversificación con una cartera de 5 empresas compuesta por un banco, una eléctrica, una operadora de telecomunicaciones, una autopista y una constructora que con una cartera de 10 empresas compuesta por 10 bancos ó 10 constructoras ó 10 eléctricas, etc. No hace falta que en una cartera estén representados todos los sectores que cotizan en la Bolsa, pero debe procurarse la mayor variedad posible teniendo siempre en cuenta que no hay que “comprar por comprar”, sino sabiendo lo que se compra. Igual que pasa con el número de valores es preferible tener 4 sectores en la cartera de los que se tiene un buen conocimiento que tener esos mismos 4 sectores y otro más del que se tienen referencias superficiales.
Los 3 factores citados hasta ahora (número de empresas, ponderación de cada empresa en la cartera y sectores representados en la cartera) son imprescindibles a la hora de diseñar una cartera de valores, no se puede pasar por alto ninguno de ellos.
Asimismo los factores de sub-sector y zona geográfica es deseable tenerlos en cuenta, pero no son tan importantes como los 3 primeros.
Dentro de un mismo sector también se puede afinar más teniendo en cuenta los distintos tipos de empresas que componen el sector. Por ejemplo, si se tienen 2 empresas de un sector determinado en la cartera se consigue una mayor diversificación si una de ellas desarrolla la práctica totalidad de su actividad en el mercado local y la otra tiene un carácter multinacional que si se compran 2 empresas locales ó 2 multinacionales de ese sector. Dentro de las empresas eléctricas, por ejemplo, puede haber algunas que se dediquen a la fase de transporte y otras a la fase de generación.
